La labor de los consejeros regionales es clara: fiscalizar y defender los intereses de la población. Sin embargo, en Áncash parece ocurrir todo lo contrario. Hoy, más que fiscalizadores, algunos se han convertido en cómplices silenciosos de una gestión cuestionada.
La consejera por Huaraz, Yanet Pinto, en lugar de denunciar los presuntos actos de corrupción que sacuden al Gobierno Regional, estaría priorizando el protagonismo mediático. Se le acusa de impulsar la difusión de hechos irrelevantes —como funcionarios comiendo o participando en reuniones sociales— que poco o nada aportan a la lucha real contra la corrupción.
Estas acciones no serían más que cortinas de humo para desviar la atención de problemas mucho más graves, como presuntos desfalcos en sectores clave como salud y educación. Un caso emblemático es la reiterada anulación del proceso de licitación del colegio Luzuriaga, situación que hasta ahora no ha merecido un pronunciamiento firme de la consejera.
La ciudadanía exige respuestas, no distracciones. El silencio frente a hechos de gran impacto levanta serias dudas sobre el verdadero rol que están cumpliendo nuestras autoridades.
En los próximos días, se dará a conocer un informe detallado sobre el desempeño en fiscalización de los consejeros regionales, en primicia por el diario digital Última Palabra. (Humberto Espinoza M.)

