Tener el privilegio de saborear la bebida milenaria de los incas (chicha de jora) no lo tiene cualquiera. Tampoco cualquier mortal es capaz de elaborarla con tanta habilidad, paciencia y pasión. Aquel ser elegido por los dioses prehispánicos para continuar con el legado de esta tradición ancestral -como los apus ordenarían- es Felipe Morante, el hombre que rescató la chicha de jora huarmeyana de su total extinción.
Don Felipe, fue el encargado de evitar que esta tradicional chicha se pierda en el tiempo. Pues, debido a la dejadez, inexperiencia o desconocimiento de otros paisanos los secretitos prehispánicos para elaborarla solo hubieran quedado en los recuerdos o sobre las hojas de algún libro de historia. Unos secretos que se pudieron haber borrado con el tiempo por la falta de práctica.
“Huarmey fue chichero, pero ya no quieren preparar chicha. Si usted busca en otro lado no encontrará”, resalta muy convencido que la chicha del valle de Cuz Cuz no la hallaremos en ningún otro lado indica Felipe.
“Las chicha huarmeyana se tienen que preparar como se debe, sino no sale bien, no es rico” Y es a que tener habilidad para hacerlo, pues sino no será agradable para el paladar. Es un proceso tan largo, trabajoso y de constante supervisión, que no cualquiera tiene toda esa paciencia para lograr un acabado perfecto. “Es tan largo el proceso, que por eso no quieren prepararlo”, así nos cuenta este agricultor huarmeyano, mientras saboreo un vasito de chicha a su lado.
“Seleccionamos el maíz jora, este se siembra solo en invierno. Después sembramos la hectárea con 10 kilos de maíz; abonamos, matamos la maleza, tenemos que darle mantemiento de 2 a 3 meses. De ahí viene la cosecha, se seca y comienza a seleccionar el maíz buscando el grano más grande y más hermoso”. Aprendimos que la chicha no saldría buena sino se hace este tipo de selección. Con cariño también es la cosa.
Un manjar para aquellos que nunca la han probado y para quienes la conocemos repetimos la sensación de libar una bebida color oro fino, refrescante y de sabor agridulce. Después de tomar el primer vaso desearás que haya una segunda ronda. Y es que ni bien el líquido recorre por el paladar comienzas a experimentar la verdadera satisfacción de beber la bebida de los dioses, la cual solo contiene maíz de jora y agua. Tan pocos ingredientes que la hace única.
Los incas deben estar que se retuercen en sus tumbas al saber que la chicha que ellos probaban para las ceremonias más importantes como el tributo a la Pachamama, ahora podemos degustarla todos nosotros y embriagarnos si resultó fermentarse por mucho tiempo.
Giuliana Taipe / Revista Rumbos

