La historia reciente en la provincia de Huarmey es la crónica de una victoria popular agridulce. El 20 de agosto, la unidad del pueblo, realizó un contundente paro provincial, logrando la atención del Gobierno Central y conseguir la reanudación de los trabajos abandonados por la empresa OHLA en las riberas del Río Huarmey. El abandono de trabajos aducía falta de pagos por parte de la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN) a la empresa gestora.
Esa lucha social tuvo un beneficiario inmediato: la empresa OHLA. Más allá del interés público en la prevención, el paro sirvió para destrabar pagos devengados y compromisos financieros que, por razones burocráticas o de gestión, la ANIN había paralizado.
La calma volvió, y en setiembre, se iniciaron las negociaciones y acuerdos entre ANIN, OHLA y la comuna provincial como beneficiaria, de inmediatos el MEF liberó los fondos de garantía por 30 millones de soles, para garantizar a la ciudad la reanudación de los trabajos en el río Huarmey. Los pagos se reactivaron y la maquinaria regresó… pero ¿a qué ritmo?
EL TIC-TAC DE LA NATURALEZA: UNA AMENAZA IGNORADA
Hoy, ya a fines de octubre, la realidad andina nos da el mensaje más claro y urgente: las lluvias han comenzado a caer con contundencia en las provincias altas de Aija y Recuay. Esto no es solo una buena noticia para el ciclo hídrico, sino una alerta roja de que los riachuelos y quebradas se están cargando, presagiando una crecida significativa del río Huarmey.
En el valle medio y bajo de Huarmey, este augurio trae consigo el temor ineludible de los huaicos y las inundaciones; en zonas del Valle, se realizaron trabajos y las defensas ribereñas naturales fueron destruidas ara realizar un nuevo trabajo de reforzamiento. Todo quedó en el papel porque en lo físico esas riberas no existen y los agricultores vuelven a estar expuestos.
La historia, dolorosamente reciente, ya ha demostrado la vulnerabilidad de las chacras y las localidades ante la furia de un río desbordado.
LA LECCIÓN NO APRENDIDA Y EL DESPRECIO AL ESFUERZO COMUNAL
Frente a esta inminente realidad, la actitud tanto de la ANIN como de OHLA es, por decir lo menos, decepcionante e irresponsable: persisten en una preocupante «política del avestruz».
Dos meses después de que el pueblo se paralizara exigiendo acción, ambas instituciones muestran una silencio informativo absoluto. No tienen los planes de ejecución presupuestal ni descriptivo de los trabajos a realizarse con ese monto del fondo de garantía.
Ni los agricultores ni la comunidad huarmeyana han recibido un informe claro sobre el verdadero avance de los trabajos.
¿ACASO ESTÁN ESPERANDO QUE LAS AGUAS INUNDEN LOS CAMPOS Y LAS CASAS PARA RECIÉN «COMUNICAR» LA SITUACIÓN?
Esta falta de transparencia y comunicación es un profundo acto de desprecio hacia el esfuerzo y la lucha social. El pueblo organizado que realizó el paro no lo hizo por capricho; lo hizo para proteger vidas y medios de subsistencia.
RESPETO O CONSECUENCIAS SOCIALES
La lección que la ANIN y OHLA parecen no haber internalizado es simple: el pueblo de Huarmey se merece respeto. El respeto, en este contexto, no es una palmadita en la espalda, sino la transparencia y la diligencia.
Exigir saber el estado de la infraestructura que debe protegerlos de un desastre inminente no es un favor; es un derecho fundamental que surge de la capacidad de la ciudadanía de hacerse escuchar.
De continuar con esta opacidad y esta aparente lentitud, las consecuencias no serán solo hidráulicas, sino sociales.
Si el río Huarmey se desborda y causa daños, la responsabilidad no recaerá únicamente en la naturaleza, sino en aquellos funcionarios y empresas que, teniendo el mandato y los recursos, decidieron ignorar la urgencia y el clamor ciudadano.
La pelota está en la cancha de ANIN y OHLA. Es hora de dejar de lado la política del avestruz y comenzar a informar, acelerar y, sobre todo, respetar la inteligencia y la lucha de la comunidad huarmeyana. El tiempo de la prevención se agota; el riesgo de un nuevo conflicto social, apenas comienza.

