El Sistema de Alerta Sísmica instalado como plan piloto en Chimbote y Nuevo Chimbote no funcionó antes, durante ni después del sismo de magnitud 6.0 registrado la noche del sábado 27 de diciembre, dejando en evidencia la falta de monitoreo y activación por parte del COER Áncash, entidad responsable de su operación.
En octubre y noviembre pasado, el Centro de Operaciones de Emergencia Regional (COER – Áncash) instaló equipos del Sistema de Alerta Sísmica en la Municipalidad Provincial de Huarmey, Municipalidad Provincial de Casma, Municipalidad Provincial del Santa, la Municipalidad Distrital de Nuevo Chimbote y la Municipalidad Distrital de Santa, con el objetivo de alertar a la población con 20 segundos de anticipación ante un eventual movimiento sísmico mayor o igual a 6.0 de magnitud.
Estas actividades en cada ciudad fue organizada por el Órgano Desconcentrado de Gestión del Riesgo de Desastres, en el marco del Simulacro del Sistema de Alerta Sísmica Peruano (SASPe), promovido por el Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI), con el propósito de fortalecer la capacidad de respuesta ante emergencias. Se utilizaron fuertes recursos logísticos y presupuestarios para promocionar este sistema de alerta en cada ciudad.
Según el convenio suscrito, las municipalidades solo cedieron el espacio físico para la instalación de los equipos, los cuales incluso funcionan con energía solar. Sin embargo, la responsabilidad del monitoreo, control y activación del sistema recae exclusivamente en el COER Áncash, a través de un software cuya base operativa está bajo su administración.
Lo ocurrido la noche del sábado en Chimbote, dejó al descubierto que el sistema no está operativo y que los equipos habrían sido abandonados tras su instalación, sin personal asignado ni monitoreo permanente. El COER brilló por su ausencia en un momento clave, generando preocupación e indignación en la población.
Este hecho pone en tela de juicio la real capacidad de respuesta de las autoridades regionales frente a un evento sísmico de mayor magnitud y evidencia una grave negligencia en la gestión del riesgo de desastres en Áncash.


