El reloj marcaba las 3:24 de la tarde de un apacible domingo 31 de mayo de 1970 y un fuerte sismo de 7.9 grados remeció toda la región Áncash, el epicentro se registró en el mar de Casma y Chimbote. La ciudad de Huarmey sufrió una de sus peores catástrofes y las viviendas en su mayoría construidas de adobe y material precario cayeron como castillo de naipes.
La Asociación Hijas De María realizaban una kermess bailable en «La Redondela» de la avenida Alberto Reyes, amenizada por la banda de música de Los Hermanos Hoyos de Casma; decenas de personas disfrutaban amenamente la música del momento. Mientras que en iglesia matriz las devotas arreglaban el anda de la Virgen María para la procesión de la noche por ser el último domingo de mayo.
En la misma avenida, el cine «Libertad» era un lleno total, en la matiné dominguera cientos de niños disfrutaban del estreno de la película «Los Tesoros de Atahualpa», una de las más taquilleras películas de ese entonces sobre la historia del Perú.
Y de pronto a las 3:24 de la tarde, un leve movimiento inició la catástrofe, seguido de un estruendoso ruido y de fuertes movimientos ondulantes hicieron que las personas de donde se encontraban salieran despavoridos a guarecerse en un lugar seguro de la calle. Otros corrían desesperados hacia el cine Libertad a ver a sus hijos; el llanto y el lamentó se escuchaban por todos lados.
Solo bastaron casi 2 minutos para que el 90% de las viviendas, iglesia, municipalidad, banco y mercado fueron destruidos, el panorama era desolador en toda la ciudad y un enorme manto de polvo cubría el lúgubre firmamento.
Pasados los minutos de terror, el saldo trágico fue la muerte de 3 niños, ellos fueron la hija del conocido peluquero Mauro Mejía, en la avenida Olivar; el hijo del sastre Sandoval, en la Plaza de Armas y el hijo del comerciante Severiano Gaspar, en lo que hoy es el jirón Casma. Y después,
en horas de la noche, la señora Rosario Casaverde de Montalván, murió de un paro cardíaco a causa de la fuerte impresión que le produjo el terremoto.
Ese día el recientemente construido hospital de Apoyo tuvo que ser inaugurado de emergencia, cantidad de heridos de diversa consideración fueron llegando desde diferentes lugares de la ciudad, del Valle Huarmey y comunidades andinas cercanas.
Muchos sobrevivientes de esta tragedia recuerdan que la tierra se abría y salían fuertes chorros de agua negra, como lo contará el ciudadano Emilio Gastiaburú, que en se momento del desastre se encontraba por el sector de La Victoria.
En la zona de Barbacay, el inmenso cerro de piedras trajo una avalancha de enormes piedras que cayeron sobre la zona habitable, y que hasta hoy se pueden apreciar junto a las viviendas, como una señal eterna de lo devastador que fue el terremoto.
Hasta el día de hoy, después de 49 años, todavía las personas que vivieron ese infierno se muestran nerviosas ante cualquier sismo de menor intensidad, porque todavía han quedado en sus mentes los momentos más trágicos que les toco vivir.



