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Un policía entre bibliotecas: SO PNP César Villarroel, entrelaza su trabajo de policía con charlas de literatura a niños en colegios

Borges solía decir que lo más parecido al Paraíso debía ser una biblioteca. Para el policía peruano César Villarroel Machaca, suboficial de primera de la dependencia de Huarmey, esta consideración borgiana es una de las claves que ha guiado gran parte de su vida. Villarroel Machaca entrelaza su trabajo de policía con charlas de literatura a niños de colegios en provincia, con visitas constantes a librerías y con la construcción de su biblioteca personal. “Cuando estoy rodeado de libros, soy feliz como un niño en el mejor de los juegos”, se confiesa en una charla con revista CARETAS.

Se puede tener el preconcepto de que un policía peruano está más relacionado a la violencia, al soborno, a las multas o a la seguridad antes que al mundo de los libros. ¿Encuentras alguna conexión entre tu profesión y la literatura?

Sí, encuentro mucha conexión entre mi profesión y la literatura. Puedo mencionarte a dos escritores importantes para mí: Albert Camus y Thomas De Quincey. El primero habla sobre el suicidio en El hombre rebelde El mito de Sísifo, y, el segundo, habla sobre el crimen y el homicidio en uno de sus libros más famosos. Como policía yo veo a diario crímenes, suicidios, robos, asaltos a mano armada, etcétera, y de alguna manera creo que gran parte de la literatura habla de eso y yo, desde mi circunstancia, tengo la oportunidad de ser testigo de primera mano de todos esos grandes temas que han sido tocados por escritores de primer nivel. Pero, por otra parte, también creo que los policías no hemos corrido la misma suerte que los periodistas en la literatura del Perú. El personaje periodista tiene un lugar ganado en los libros nacionales, pero el policía no. Y, sin embargo, creo que el policía tiene un privilegio que no tiene el periodista: es el de llegar primero a la escena del crimen y el de estar más cerca de las fuentes. Además, tiene una figura mucho más épica y ambivalente. Hay mucho que explotar sobre la experiencia del policía peruano en la literatura del país.

Tengo entendido que tu padre fue una de las personas que más te animó a leer y que se convirtió en uno de los pilares de tu vocación como lector.

Sí, mi padre fue la persona que me llevó a los libros. Fue el primer estimulador y entusiasta para que yo pudiera tener novelas, cuentos o poemas a la mano. Recuerdo que el primer libro que me regaló fue Rojo y negro de Stendhal. De niño, en Tacna, yo siempre le pedía a mi padre que me compre libros en una pequeña cachina que estaba de camino a los restaurantes donde comíamos. A veces no teníamos suficiente dinero y yo solo me quedaba viendo los libros, pues era comer o comprar libros: una de dos. De cuando en cuando, mi padre hacía un esfuerzo y me compraba a los clásicos que se vendían en el suelo: a Cervantes, a Vargas Llosa, a Cortázar, a Donoso, a Ernesto Sábato, etc. Ahí empezó todo. Mi padre falleció en 2021 por la pandemia. Y antes de morir me dijo que quería leer Conversación en La Catedral, pero no pudo. En su féretro tuve la idea de colocar ese libro sobre su pecho, aunque finalmente no lo hice y coloqué una Biblia, que creo que es el libro de los libros y una biblioteca en sí misma. Recuerdo que mi padre siempre me decía que yo iba a ser grande, que yo iba a ser un gran escritor porque leía mucho. Cuando se enteró de que había postulado a la Policía, se puso un poco triste.

¿Y por qué postulaste a la Policía?

En realidad, hubo un tiempo en el que yo estudié Literatura y Psicología. Pero llegó un momento que me saturé tanto y me puse muy mal. En ese apartado de mi vida me topé con un grupo de amigos de la universidad con los que hice bohemia. Tomábamos siempre y faltábamos a clases. Yo casi no paraba en mi casa y, por lo menos una vez a la semana, me peleaba a puños con alguien. Una vez me peleé con varias personas a la vez y terminé horriblemente herido. Fue entonces cuando mi madre me llamó la atención y me dio una oportunidad, pero con la condición de que entrara a la Policía, pues ahí podría disciplinarme. Contra todos mis prejuicios y convicciones, postulé a la Policía e ingresé de manera muy fácil, como si este hubiera sido un destino para mí.

¿Y es un destino para ti?

Por el momento sí. Al menos así parece, pues me encuentro bien. Y estoy agradecido.

César Villarroel Machaca llena su despacho en la comisaría con libros de clásicos literarios. Fuente: PNP.

¿Qué libro de tu biblioteca es el que más te ha marcado o el que crees que ha sido más importante en tu vida?

Definitivamente Rojo y negro de Stendhal, pues creo que Julian Sorel, el personaje principal de la novela, ha sido muy estimulante para mí. Pero también le guardo mucho cariño a esa novela porque fue el primer libro que mi padre me compró. Hasta ahora tengo el ejemplar que en esa época costó solo cinco soles y que ahora yo no vendería por nada del mundo.

Siempre estás compartiendo fotos de tus últimas lecturas, las cuales por lo general son clásicos. ¿Qué te dan los clásicos que no te entreguen las novedades editoriales o los bestsellers contemporáneos?

Yo creo que los clásicos guardan una suerte de eternidad. Es impresionante pensar en Homero, Virgilio, Petronio y tantos otros, que todavía siguen perviviendo luego de cientos y cientos de años. De hecho, los clásicos ya han tocado todos los temas y se han adelantado a nuestra época. A veces leo alguna “novedad editorial” y me doy cuenta de que esto ya lo tocó mucho mejor Shakespeare. O reviso algún bestseller y veo que Balzac ya había abordado esa historia hace más de un siglo. Entonces prefiero quedarme en los orígenes. Soy consciente que no voy a poder leer todos los libros de mi biblioteca, de modo que me aseguro leyendo a los clásicos y a los clásicos contemporáneos como Borges, Joyce, Kafka, Musil o Conrad.

Sé que tú no solo compras libros para ti, sino también para regalar. ¿Por qué te gusta obsequiar libros?

Sucede que siempre he querido conversar con gente que tenga esa misma pasión que tengo yo por los libros. A veces es muy difícil encontrarse con lectores más experimentados cuando se está en provincia, de modo que para poder conversar con alguien sobre un libro, lo que yo hago es regalar un libro que a mí me ha impresionado y espero impaciente la hora de que esa persona termine con su lectura para empezar a charlar. Una vez, en la universidad, compré como diez Ficciones de Borges para regalárselos a mis compañeros de clase. Terminé endeudado. Pero por lo menos un mes después pude hablar con algunos acerca de los cuentos de Borges. Y así siempre ha sido. Presto o regalo libros. Y cuando sucede eso, es porque estoy deseoso de hablar sobre literatura desde la pura emoción.

Haces mucha promoción cultural por tu cuenta. Llevas libros a colegios y das charlas sobre literatura a niños de zonas lejanas a Lima. ¿Cómo te llena eso emocionalmente?

He tenido la suerte de participar en las Secciones de Policías Comunitarios en Huarmey, y eso me ha llevado a dirigir el área de Fomento de la Cultura y el Deporte. Sucede que ahora mismo hay mucha problemática social en los colegios. Temas como el bullying, las drogas o las pandillas, campean por aquí. Entonces como policías hacemos acciones preventivas que se reparten en charlas, consejos y visitas a colegios. Yo doy charlas de 30 a 40 minutos a estudiantes de secundaria. Empiezo con temas del peligro de la violencia, las drogas y el pandillaje, y finalmente vinculo la literatura con el tema tratado. Hoy, por ejemplo, les he leído partes de La línea de sombra de Joseph Conrad. Les contaba como el protagonista ha asimilado el Mal y cómo destruye las pequeñas civilizaciones que habitan en el río. Además, hicimos un breve repaso de esa tensión dialéctica entre el Bien y el Mal, y los chicos se quedaron impresionados. Siempre estoy hablando a los escolares de Borges, de Mario Vargas Llosa, de Gabriel García Márquez, de Stevenson y así.

César Villarroel Machaca hablando de Conrad a escolares de colegios de provincia. Fuente: PNP.

¿Alguna vez has intentado escribir algo? ¿Te interesa la figura del “escritor” para tu vida?

Siempre he pensando que si no escribo algún relato como Borges o como Onetti, definitivamente prefiero quedarme como estoy. Eso sí, como lector me gustaría perdurar.

¿Qué significado tiene para ti el concepto de biblioteca o biblioteca personal?

Estás usando palabras que se asocian bastante a Borges: “biblioteca personal” o “concepto de biblioteca”. Y mira qué coincidencia. Ahora mismo en Ancash estamos realizando la Semana de la Biblioteca en los colegios. En lo personal, yo opino lo mismo que Borges. Para mí una biblioteca es un Paraíso, es mi Edén. Cada vez que yo estoy en mi biblioteca, me siento como un niño, como un niño feliz en el mejor de los juegos. Yo me siento muy agradecido de tener accesibilidad y asequibilidad para los libros, pues trabajo y puedo comprármelos. Sé que no es tan fácil, y me apena que muchos niños no puedan tener esa relación tan íntima o personal con el universo del libro.

—Supongo que debe haber más policías como tú en el país. Es decir, con un gusto especial por lo literario. Si ellos te leyeran ahora mismo, ¿qué les dirías?

Les diría que me escriban para conversar de libros y literatura. Pero sobre todo, que compartan y compartan sus lecturas. Eso siempre será lo más importante para mí: el compartir literatura con los demás.

(Revista Caretas)

Un policía entre bibliotecas: “Comparto y regalo libros con la única intención de hablar de literatura desde la emoción” | Entrevista